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Las sesiones son para mi?

Actualizado: 19 ago 2021

"Cuando empecé este proceso, creí que iba a encontrar cosas que ya sabía, que ya me había dado cuenta. La verdad es que considero que soy muy observadora de mi misma, sin embargo había algo debajo de mis ideas, mis pensamientos y mi forma de reaccionar que lo creía resuelto...esa era mi forma de ver el mundo". Así empezó la transformación de Martha.

Dicen que los pensamientos que tenemos definen nuestra realidad, y si, puedo decir que es cierto. La forma de ver el mundo es lo que tus pensamientos te dicen de él.

Cuando vemos que algo anda mal con nuestros hijos, lo que tendemos a hacer es inscribirles en cursos, ponerlos en terapia, ponerlos a hacer mucho o algo de deporte, empezamos a fijarnos cómo hacen los otros papás, preguntamos a los cercanos si a ellos les pasa algo igual, en fin... lo que queremos es ayudarles a nuestros hijos a mejorar, esa es la intención. La ayuda la buscamos de una u otra manera, algo debe haber que les ayude a cambiar, pero el enfoque es hacia ellos, ellos tienen esa tarea de cambio.

"Cuando me encontré con este proceso, empecé a estudiarlo, a entenderlo y a quitar tantas capas que me había puesto en mi pensamiento, hasta que...me encontré con todo lo que estaba puesto debajo. Uff! sentí que se abría esta mirada, hasta a veces en contra mía, toda mi historia, mis emociones, mis conflictos asumidos como resueltos, ahí estaba todo. Ahí estaba yo, sin querer reconocerme." dijo Martha.

Esos pensamientos y recuerdos que tenemos debajo, lo cuidamos, los dejamos quietos para no volverlos a ver, algunos pueden ser que nos conecten con algo que no queremos volver a sentir. Sin embargo, un pequeño estímulo, una situación con nuestros hijos, con la pareja, en nuestro trabajo, hace que esos recuerdos salgan como destellos, a veces ni nos damos cuenta pero estamos actuando tal y como sucedió en el pasado, porque es la manera como está registrada la información para reaccionar.

Eso es lo que hay que sacar, pero no como destellos, sino como aceptación y respeto a esa historia, que ya pasó pero no nos define.

Ahí empieza el cambio, el cambio no es de nuestros hijos, ni de la pareja, ni del trabajo, es de nosotros. Justo ahí, cuando los pensamientos cambian, la realidad es otra, los hijos son los mismos niños, pero tu mirada te dice que su forma de ser es tan única y hermosa como debía ser.

Esa tranquilidad y alivio que llevas a tu vida y a la de tus hijos, es la que te regalas cuando decides llevar este cambio a ti. Aprendemos que nuestros niños sean niños y no expectativas de nosotros los padres.

Todo momento es bueno para ser mejores padres. Este proceso es para ti también.



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